HISTORIA

Soy Aida.
Crecí entre redes de pesca, nudos y mar.
Mi abuelo era pescador. Mi abuela, Trini, tejía las redes de pesca de su barco con paciencia infinita. De ella heredé el gesto. El respeto por el tiempo y la manera de crear formas, nudo a nudo.
Sin saberlo, allí empezó todo.
Con el tiempo, ese gesto aprendido encontró una nueva forma de expresión.
Los nudos se transformaron en piezas de joyería.
La técnica parte de la lógica del nudo marinero —repetición, tensión y estructura— donde cada hilo sostiene la forma, sin necesidad de elementos internos.
Cada pieza conserva ese origen: no es solo un objeto, es la continuidad de un gesto.

Algunas piezas nacen directamente de la red de pesca.
Materiales marinos reutilizados que se trasladan al objeto, conservando su estructura y su memoria.
El origen no se interpreta: se mantiene.

Otras piezas nacen de la observación.
Los flecos, en movimiento, recuerdan a las anémonas, donde forma y materia se comportan de manera orgánica y cambiante.

Estudié Ciencias y Tecnologías del Mar, donde descubrí la belleza y complejidad estructural de especies como los nudibranquios, que se convirtieron en mi fuente de inspiración.
La mirada científica y la memoria familiar conviven hoy en mis diseños.

ALÚ ALÚ nació tras una primera etapa bajo el nombre de Inirt.
Un homenaje a mi abuela Trini (Inirt es Trini al revés).
Nuestro logo era su mecedora.
Pero precisamente esa mecedora, ya vacía, fue la que me hizo soltar y avanzar.

Porque, a veces, para avanzar, hay que soltar incluso lo más querido.

Evolucionar hacia un lenguaje más propio, más conceptual, más libre.
Así surgió ALÚ, un juego con las letras de mi apellido, Rigual.
Y ALÚ ALÚ, porque en este barco siempre hemos sido dos: mi madre y yo.
